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Novela


 

Como un malboro

“Volcó el bondi que nos llevaba al bardo, tuvo que frenar en la tarde lluviosa del delta entrerriano y no le dio, se fue a la banquina, y todos los pasajeros y el Flecha Bus quedamos enterrados en el barro. Yo conversaba con Manguzza mientras él convidaba cafés a las madres que lloraban con sus hijos en los regazos. Conversábamos sobre Conlon Nancarrov, sobre Saer, sobre lo repetitivo y mediocre que es Robert Fripp. Porque hacía diez horas que estábamos parados, el asado lo pagó la empresa en un parador del paranacito, entonces tomamos vino y comimos chorizo y nos pusimos contentos y de pronto vi a la Angélica destellar atrás de unas gordas que comían junto a las bolsas que llevaban con regalos y bártulos comprados en el Once. Me le acerqué sin disimulo y me senté en un murito, y la Angélica reía, de nerviosa, me dijo meses más tarde; le chamuyé morondangas, Manguzza discurría con una rubia letrada, le robó un número telefónico que nunca lo llevó a nada, yo fui remando dormido en las aguas estancadas del cerebro de la Angélica con mi remo mocho, de madera podrida”.


 

Daniel Durand nació en Concordia (Entre Ríos) en 1964 y vive en Buenos Aires. Es escritor y también se ha desempeñado como editor. Publicó los libros La maleza que le crece (Amadeo Mandarino, 1997); El Krech (Deldiego, 1998); Segovia (Amadeo Mandarino, 1999); Vieja del agua (Deldiego, 2000); El Estado y él se amaron (Mansalva, 2006); Inquina se apila (Colección Chapita, 2008); Ruta de la inversión (Gog y Magog, 2009); Tengo una idea moteada de lo que soy (Belleza y Felicidad, 2010), entre otros.

 

Como un malboro, Daniel Durand

$820,00
Como un malboro, Daniel Durand $820,00

Novela


 

Como un malboro

“Volcó el bondi que nos llevaba al bardo, tuvo que frenar en la tarde lluviosa del delta entrerriano y no le dio, se fue a la banquina, y todos los pasajeros y el Flecha Bus quedamos enterrados en el barro. Yo conversaba con Manguzza mientras él convidaba cafés a las madres que lloraban con sus hijos en los regazos. Conversábamos sobre Conlon Nancarrov, sobre Saer, sobre lo repetitivo y mediocre que es Robert Fripp. Porque hacía diez horas que estábamos parados, el asado lo pagó la empresa en un parador del paranacito, entonces tomamos vino y comimos chorizo y nos pusimos contentos y de pronto vi a la Angélica destellar atrás de unas gordas que comían junto a las bolsas que llevaban con regalos y bártulos comprados en el Once. Me le acerqué sin disimulo y me senté en un murito, y la Angélica reía, de nerviosa, me dijo meses más tarde; le chamuyé morondangas, Manguzza discurría con una rubia letrada, le robó un número telefónico que nunca lo llevó a nada, yo fui remando dormido en las aguas estancadas del cerebro de la Angélica con mi remo mocho, de madera podrida”.


 

Daniel Durand nació en Concordia (Entre Ríos) en 1964 y vive en Buenos Aires. Es escritor y también se ha desempeñado como editor. Publicó los libros La maleza que le crece (Amadeo Mandarino, 1997); El Krech (Deldiego, 1998); Segovia (Amadeo Mandarino, 1999); Vieja del agua (Deldiego, 2000); El Estado y él se amaron (Mansalva, 2006); Inquina se apila (Colección Chapita, 2008); Ruta de la inversión (Gog y Magog, 2009); Tengo una idea moteada de lo que soy (Belleza y Felicidad, 2010), entre otros.