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Relatos

 

 

Cuarto de desechos y otras obras

Carolina Maria de Jesus escribe cada noche sobre las hojas que acaba de rescatar de la basura. Escribe con la respiración hambrienta de los hijxs llenando el aire de una casa hecha de madera y cartones. Escribe porque es el único territorio posible de justicia y, al igual que Nijinsky, sabe que en cada entrada de su diario, se está aferrando a la cordura. Pero sobre todas las cosas, esa mujer que se erige escritora sobre las ruinas diarias de la vida en la favela está otorgándole valor a su mirada sobre el mundo que la rodea, está escribiendo su deseo desde un Cuarto de Desechos y esa sola imagen se impone a la del hambre y al agotamiento. La imagen de Carolina recortando el cielo estrellado desde su ventana, imaginando que con él se podría hacer un vestido, esa imagen concentra toda la rebeldía y la belleza que es su marca de escritura.

 

 

Carolina Maria de Jesus (Sacramento, Minas Gerais, 1914 - São Paulo, 1977), fue una campesina, poeta y cronista brasileña.

Carolina Maria de Jesús nació en Minas Gerais, en una comunidad rural donde sus padres eran pequeños agricultores. Hija ilegítima de un hombre casado, fue tratada como una paria durante toda su infancia, y su personalidad agresiva empeoró los momentos difíciles por los que pasó. A los siete años, la madre de Carolina la obligó a ir a la escuela cuando un rico hacendado decidió pagarles los estudios a ella y otros niños pobres del barrio. Carolina dejó de asistir a la escuela en el segundo año, pero aprendió a leer y escribir. La madre de Carolina tenía dos hijos ilegítimos, lo que causó su expulsión de la Iglesia Católica cuando era joven. Sin embargo, fue una católica devota durante toda su vida aunque nunca fue aceptada de nuevo en esa comunidad. En su diario, Carolina hace muchas veces referencias a la religión.

La tirada inicial de diez mil ejemplares se agotó en una semana (según la Wikipedia en inglés, fueron treinta mil copias vendidas en los primeros tres días). Aunque escrito con el lenguaje simple y poco elegante de una persona sin muchos estudios, su diario se tradujo a trece idiomas y se convirtió en superventas en Estados Unidos y en Europa. Pero no fueron solamente fama y publicidad lo que Carolina consiguió con la publicación de sus diarios: también el desprecio y la hostilidad de sus vecinos. “Escribiste cosas malas de mí, lo tuyo es peor que lo mío”, gritó un vecino borracho. Decían que era una prostituta negra que se había hecho rica escribiendo sobre la favela y que se negaba a compartir el dinero. La rabia de los vecinos se vería motivada también por el cambio de domicilio de Carolina a una casa de ladrillo en el extrarradio. Esto fue posible gracias a las ganancias iniciales de la publicación de su diario. Los vecinos la rodearon y no la dejaban marchar. La hija de Carolina, Vera, contó en una entrevista que su madre aspiraba a convertirse en cantante y actriz. Pobre y olvidada, Carolina María de Jesús murió en 1977, de insuficiencia respiratoria, a los 62 años.

 

Cuarto de desechos, Carolina María de Jesús

$1.700,00
Cuarto de desechos, Carolina María de Jesús $1.700,00

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Cuarto de desechos y otras obras

Carolina Maria de Jesus escribe cada noche sobre las hojas que acaba de rescatar de la basura. Escribe con la respiración hambrienta de los hijxs llenando el aire de una casa hecha de madera y cartones. Escribe porque es el único territorio posible de justicia y, al igual que Nijinsky, sabe que en cada entrada de su diario, se está aferrando a la cordura. Pero sobre todas las cosas, esa mujer que se erige escritora sobre las ruinas diarias de la vida en la favela está otorgándole valor a su mirada sobre el mundo que la rodea, está escribiendo su deseo desde un Cuarto de Desechos y esa sola imagen se impone a la del hambre y al agotamiento. La imagen de Carolina recortando el cielo estrellado desde su ventana, imaginando que con él se podría hacer un vestido, esa imagen concentra toda la rebeldía y la belleza que es su marca de escritura.

 

 

Carolina Maria de Jesus (Sacramento, Minas Gerais, 1914 - São Paulo, 1977), fue una campesina, poeta y cronista brasileña.

Carolina Maria de Jesús nació en Minas Gerais, en una comunidad rural donde sus padres eran pequeños agricultores. Hija ilegítima de un hombre casado, fue tratada como una paria durante toda su infancia, y su personalidad agresiva empeoró los momentos difíciles por los que pasó. A los siete años, la madre de Carolina la obligó a ir a la escuela cuando un rico hacendado decidió pagarles los estudios a ella y otros niños pobres del barrio. Carolina dejó de asistir a la escuela en el segundo año, pero aprendió a leer y escribir. La madre de Carolina tenía dos hijos ilegítimos, lo que causó su expulsión de la Iglesia Católica cuando era joven. Sin embargo, fue una católica devota durante toda su vida aunque nunca fue aceptada de nuevo en esa comunidad. En su diario, Carolina hace muchas veces referencias a la religión.

La tirada inicial de diez mil ejemplares se agotó en una semana (según la Wikipedia en inglés, fueron treinta mil copias vendidas en los primeros tres días). Aunque escrito con el lenguaje simple y poco elegante de una persona sin muchos estudios, su diario se tradujo a trece idiomas y se convirtió en superventas en Estados Unidos y en Europa. Pero no fueron solamente fama y publicidad lo que Carolina consiguió con la publicación de sus diarios: también el desprecio y la hostilidad de sus vecinos. “Escribiste cosas malas de mí, lo tuyo es peor que lo mío”, gritó un vecino borracho. Decían que era una prostituta negra que se había hecho rica escribiendo sobre la favela y que se negaba a compartir el dinero. La rabia de los vecinos se vería motivada también por el cambio de domicilio de Carolina a una casa de ladrillo en el extrarradio. Esto fue posible gracias a las ganancias iniciales de la publicación de su diario. Los vecinos la rodearon y no la dejaban marchar. La hija de Carolina, Vera, contó en una entrevista que su madre aspiraba a convertirse en cantante y actriz. Pobre y olvidada, Carolina María de Jesús murió en 1977, de insuficiencia respiratoria, a los 62 años.