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Poesía

 

Escombros

 

Colección Plaza Prohibida

 

El poema extrae con su punzón de fuego las astillas de la carne, de la eterna miseria, de los ojos puestos ahí donde la existencia revela “[…]el valor de los brazos […]”, “[…] extracto de las vísceras del mundo/ que anida el afecto […]”; el mismo Mundo encontrado en los cauces de agua estancada “[…] mientras los excedidos de leyes/ encienden los prostíbulos/ con billetes de cien dólares […]” porque el poema está abierto y develado; es una página del fuego y la ceniza que transforma en la vigilia o en el sueño, la hipócrita comodidad en sublevación de la palabra, del gesto, de la mueca que contiene el sórdido pie en guerra, la rebelión de cara al infinito futuro; pero también, al profundo pasado y presente que se actualizan en la Sangre. Mientras el murmullo asalta con su declaración musical la perplejidad del ser y denuncia su vasta conciencia, su arrinconada y redimida miseria se despliega contra el letargo del tiempo para re-vivirse cuando “[…] ella sufre/ una aletargada metamorfosis […]” y “[…] aún es alegoría del silencio […]”, quizá, porque el Silencio es la única morada de la palabra descarnada, de la carne cumpliéndose en la inmisericorde agonía de un sufriente. Esther asegura que el poema “[…] no exige/ que con penas se descubre en la carne / que no tiene cara/ que lo veo en mi vergüenza/ sin permiso […]”; entonces, sabemos que el poema se manifiesta, se hace carne y condición humana, asímismo se desnuda y se inflige destino “[…] Vos y yo/ traemos/ el setenta en los zapatos […]”. Luego, en la historia que está contada, pero jamás se cuenta, está la historia, la verdadera historia que se viste con los ropajes del poema. La historia vívida, nutricia, denunciante de un abuelo, de un padre, de una madre, que gestan la simiente del verbo, del andar y andar, del engullir vacío y desesperación, del probar con la lengua el sentido más amargo, el más humano de todos. Entonces, Esther dice “[…] esa mujer de mi madre/ te mira/ grita/ ¡Aléjate del cuadro! […]” y repite su historia “[…]trafico lunas en la cárcel/ para pagar las miserias de mi estirpe […]” sabiéndose capaz de acusar hasta las palabras. “Escombros” es una poética fuerte, definitiva y sentenciosa, para ser leída en el temblor de la desnudez, en el frío perpetrándose en los pies, sobre el mármol del destino, helando los lugares más cálidos recitando tristeza. Sin embargo, el largo poema que compone el libro es mandíbula apretada, mirada desafiante y fusil en la espalda. Ese tipo de tristeza y desesperación se torna estrépito de esperanza, de revancha, de fortificación, mientras reza un himno a la nostalgia… “[…]Ahora soy la lápida de esa golondrina que voló con la última esmeralda”. Sin embargo… “Yo acuso”.

Mariela Puzzo

 

Esther Pagano nació en Calingasta (San Juan) en 1950. Poeta, coordinadora y conductora de cafés literarios, programas radiales, eventos culturales dedicados a promover y difundir poesía. Publicó Lenguas de fuego (Baldíos en la lengua, 2019) y Escombros (Baldíos en la lengua, 2019), entre otros libros.

 

 

Escombros, Esther Pagano

$700,00
¡No te lo pierdas, es el último!
Escombros, Esther Pagano $700,00

Poesía

 

Escombros

 

Colección Plaza Prohibida

 

El poema extrae con su punzón de fuego las astillas de la carne, de la eterna miseria, de los ojos puestos ahí donde la existencia revela “[…]el valor de los brazos […]”, “[…] extracto de las vísceras del mundo/ que anida el afecto […]”; el mismo Mundo encontrado en los cauces de agua estancada “[…] mientras los excedidos de leyes/ encienden los prostíbulos/ con billetes de cien dólares […]” porque el poema está abierto y develado; es una página del fuego y la ceniza que transforma en la vigilia o en el sueño, la hipócrita comodidad en sublevación de la palabra, del gesto, de la mueca que contiene el sórdido pie en guerra, la rebelión de cara al infinito futuro; pero también, al profundo pasado y presente que se actualizan en la Sangre. Mientras el murmullo asalta con su declaración musical la perplejidad del ser y denuncia su vasta conciencia, su arrinconada y redimida miseria se despliega contra el letargo del tiempo para re-vivirse cuando “[…] ella sufre/ una aletargada metamorfosis […]” y “[…] aún es alegoría del silencio […]”, quizá, porque el Silencio es la única morada de la palabra descarnada, de la carne cumpliéndose en la inmisericorde agonía de un sufriente. Esther asegura que el poema “[…] no exige/ que con penas se descubre en la carne / que no tiene cara/ que lo veo en mi vergüenza/ sin permiso […]”; entonces, sabemos que el poema se manifiesta, se hace carne y condición humana, asímismo se desnuda y se inflige destino “[…] Vos y yo/ traemos/ el setenta en los zapatos […]”. Luego, en la historia que está contada, pero jamás se cuenta, está la historia, la verdadera historia que se viste con los ropajes del poema. La historia vívida, nutricia, denunciante de un abuelo, de un padre, de una madre, que gestan la simiente del verbo, del andar y andar, del engullir vacío y desesperación, del probar con la lengua el sentido más amargo, el más humano de todos. Entonces, Esther dice “[…] esa mujer de mi madre/ te mira/ grita/ ¡Aléjate del cuadro! […]” y repite su historia “[…]trafico lunas en la cárcel/ para pagar las miserias de mi estirpe […]” sabiéndose capaz de acusar hasta las palabras. “Escombros” es una poética fuerte, definitiva y sentenciosa, para ser leída en el temblor de la desnudez, en el frío perpetrándose en los pies, sobre el mármol del destino, helando los lugares más cálidos recitando tristeza. Sin embargo, el largo poema que compone el libro es mandíbula apretada, mirada desafiante y fusil en la espalda. Ese tipo de tristeza y desesperación se torna estrépito de esperanza, de revancha, de fortificación, mientras reza un himno a la nostalgia… “[…]Ahora soy la lápida de esa golondrina que voló con la última esmeralda”. Sin embargo… “Yo acuso”.

Mariela Puzzo

 

Esther Pagano nació en Calingasta (San Juan) en 1950. Poeta, coordinadora y conductora de cafés literarios, programas radiales, eventos culturales dedicados a promover y difundir poesía. Publicó Lenguas de fuego (Baldíos en la lengua, 2019) y Escombros (Baldíos en la lengua, 2019), entre otros libros.